jueves, 12 de febrero de 2015

Una ciudad en línea




Ante la fractura que suponía una ciudad adaptada a los intereses de los burgueses y otra a la de los obreros, surgieron propueestas para solucionarla. Entre ellas destaca la de Ángel Fernández de los Ríos que propuso una vía de ferrocarril de circunvalación que fuera por el límite del ensanche y conectara los barrios obreros con la ciudad. Esta propuesta buscaba un ordenamiento racional del espacio periférico.
Planteamiento de Ebenezer Howard sobre la ciudad jardín
En 1892 Arturo Soria público su proyecto de Ciudad Lineal, que se extendería entre las ciudades núcleo existentes. Soria se inspiró en el pensamiento de Fourier y de Fernández de los Ríos y se adelantó en seis años al movimiento de las ciudades-jardín de Howard, que vería la luz en 1898.
Siguiendo esta línea de actuación del británico, en 1894 Arturo Soria construye  en Madrid la Ciudad Lineal   en un eje  de 5 km de longitud. 

La Ciudad Lineal nace de la superación del concepto de ensanche y su objetivo era construir una ciudad nueva, saludable, que mejorase la calidad de vida de sus habitantes, vertebrada en torno a una amplia avenida central en la que el tranvía actuaba como elemento de cohesión. Se trata de viviendas unifamiliares   en solares construidos al 50%  quedando la otra mitad para zona ajardinada y huerto.  Es un intento de aunar las ventajas  del campo con las de las ciudades aprovechando los nuevos  medios de transporte, siendo este el encargado de estructurar el espacio. 

Las viviendas se pensaron desde el principio unifamiliares, con grandes extensiones de jardín, huertos y zonas verdes. En la Ciudad Lineal habría lugar para la diferencia social, no todas las casas tenían por qué ser iguales, pero a diferencia de otros proyectos, no se relegaba a los menos pudientes a lejanos suburbios, sino a una segunda o tercera fila, siempre cerca de la avenida principal y del transporte. Se basaba  en un conjunto de viviendas unifamiliares que se alinean en torno a un eje de comunicación de 40 metros de anchura y rodeadas de amplias zonas verdes y ajardinadas acompañadas de un huerto. Por la calle discurrían los servicios básicos (agua, alcantarillado, electricidad) y el transporte (ferrocarriles y tranvía).En las estaciones se planearon los centros comunitarios, comercios y servicios públicos.



La dotación de servicios como escuelas o comercios fue otro punto de atención. No solamente enunció un programa de ciudad ideal, sino que creó una compañía privada para llevarlo a la práctica. Pero en lugar de unir dos ciudades núcleo, como era la idea original, creó un anillo urbano de circunvalación que debería construirse en torno a Madrid. Los futuros habitantes podrían participar como propietarios de acciones de la entidad, en función de su capacidad económica. Un órgano de comunicación, "La Ciudad Lineal" se encargaba de difundir el proyecto y la ideología subyacente. 
El primer tramo de la Ciudad Lineal se acabó, tras superar muchas dificultades financieras en 1911. El resultado fue la creación de una zona residencial y de recreo, en la que la burguesía gustaba de pasar los meses de verano, en el actual distrito de Ciudad Lineal. La Compañía Madrileña de Urbanización, como se llamaba la creada por Arturo Soria, siguió funcionando y explotando la línea de tranvía que daba servicio a la Ciudad lineal hasta 1951, en que acabó siendo absorbida por la Empresa Municipal de Transportes (EMT). 

Ese modelo tuvo una buena acogida en Cataluña donde se plantearon al menos tres proyectos: una barriada en Barcelona, una articulación del eje Reus-Tarragona-Salou (que hubiera sido mucho más acorde con la idea inicial de Soria) y una colonia agrícola en Vilanova, que no llegaron a realizarse. 
La ciudad lineal de Arturo Soria que es una de las aportaciones más importantes a la ordenación urbanística de España, surgió en 1882 y se subraya que es una columna donde se instalan los edificios. Es una ciudad basada en la vivienda unifamiliar aislada con jardín, autosuficiente en servicios y dotaciones. Es el antecedente de la ciudad jardín. Tendrá que ser saludable y será un ámbito de unión de clases y una importante vía de comunicación.
En Madrid este proyecto sólo se ejecutó en parte en la periferia y hoy está muy modificado en la barriada del mismo nombre (ciudad lineal de Arturo Soria).

Las ciudades ensanchadas


Los planes de ensanche son una de las aportaciones más interesantes del urbanismo español en los últimos años del siglo XIX. Los ensanches tienen un punto de inflexión en 1892 cuando se dictó la Ley de ensanche que facilita la proyección de ensanches de todas las ciudades españolas.
Los ensanches consistían en la yuxtaposición de un nuevo conjunto urbano coherente, planeado de una sola vez y unido a la ciudad consolidada, pero con una morfología y estructuras propias. Con su creación se pretendía facilitar la construcción de viviendas, el crecimiento de la ciudad y el aumento de las rentas del suelo urbano. Las principales actuaciones planificadoras se aplicaron solamente en los espacios ocupados por la burguesía.
Estas actuaciones se irán introduciendo poco a poco. Primero se materializan los planes geométricos para la expansión urbana (obligatorios desde 1846); más tarde entran en vigor los planes de alineación de calles aplicados desde 1853 (que regulaban el trazado de las calles y la necesidad de que sean rectas, de una anchura determinada y organizadas en manzanas regulares); y por último, entran los planes de saneamiento que responden a las ideas higienistas sobre la salubridad en la ciudad.
Desde entonces las viviendas de los nuevos barrios se agruparon en manzanas, en torno a un patio y tenía una estética homogénea, a lo que se suman la mejora en servicios y equipamientos urbanos. Estos nuevos barrios de ampliación serán los ensanches urbanos y las actuaciones en la periferia.
Los ensanches se concibieron como áreas residenciales destinadas a la burguesía y clases medias que eran las que podían pagar el valor del suelo y de la construcción en altura.
Para realizar estos ensanches en gran medida se derribaron las murallas. El plano del ensanche responde a una serie de ideas burguesas como eran el orden (plano regular), la higiene (se dota de servicios adecuados de pavimentación, alcantarillado, agua, espacios verdes,…) y beneficios (se dota al espacio de actividades diversas (comerciales, ocio, etc…).

Los ensanches se desarrollan en planos regulares en cuadrículas con calles rectilíneas y más anchas que las del casco antiguo. El modelo más logrado de ensanche se ve en Barcelona, en donde se le da un uso residencial burgués. El ensanche barcelonés será proyectado por Ildefons Cerdá (Plan de Ildefonso Cerdá, aprobado en 1860), y en él se planifica mediante manzanas amplias, abiertas por uno o dos lados. Son casi como una auténtica ciudad nueva, y modelo de Barcelona fue el primero, y después le siguieron el de otras ciudades como el de Bilbao, Madrid o San Sebastián.
El espacio residencial se combinó con zonas ajardinadas que las posteriores necesidades de espacio irán suprimiendo y provocando un cerramiento de las manzanas y un aumento de la superficie, altura y volumen construido.
En 1861 fue rechazado por el Senado el primer borrador de ley de Ensanches, que tuvo que esperar hasta 1864 para su aprobación, seguido en 1867 del Reglamento. La influencia de esta ley en el desarrollo de los Ensanches fue determinante y contribuyó a que el resultado final se alejase de los proyectos iniciales.
Los Ensanches se convirtieron en zonas de especulación. Los propietarios de los terrenos obtuvieron beneficios fiscales, y en función de sus intereses pudieron mantener solares sin construir mientras que en otras zonas se superaba con creces la edificabilidad prevista.

El ensanche surge de las intervenciones de la burguesía que quieren dotar de un espacio propio donde este regido por el orden, regularidad y condiciones higiénicas y sobre todo para que sea lugar de obtención de beneficios económicos. El ensanche es la plasmación en el urbanismo del poder de la nueva burguesía.
La tipología del ensanche sigue un modelo de cuadrícula donde el espacio establecido es conocido como generador de renta.
En 1868 se produce el desarrollo de Madrid y Barcelona según los planes aprobados. En 1895, se promulgó la Ley de Saneamiento y Mejora de las Poblaciones, pensada para resolver los problemas de los cascos históricos.

En la Ciudad Condal, los planes para el derribo de la muralla elaborados por el ayuntamiento tropezaban con los de los ingenieros militares, que todavía se planteaban rectificar el trazado de las fortificaciones. En 1854, se autorizó, por fin el derribo de las murallas de Barcelona.
Ese mismo año, el gobierno civil encargó al ingeniero de caminos Ildefonso Cerdà la dirección de una comisión para levantar el mapa topográfico y estudiar el ensanche de la ciudad. Cerdà se dedicó de lleno desde 1849 a la urbanización. Su aportación teórica se recoge en el manual "Teoría General de la Urbanización", de 1867.
El ayuntamiento convocó en 1857 un concurso en el que se establecía que el ensanche sería ilimitado. El proyecto de Ildefonso Cerdà fue el elegido por el gobierno central.

El 31 de mayo de 1860 se publicó el decreto de puesta en marcha del proyecto de ensanche de Cerdà quien planteó su ensanche como una ciudad completamente nueva, no articulada en torno al casco antiguo.
Su característica principal es el trazado ortogonal uniforme, con tres ejes oblicuos (Diagonal, Meridiana y Paralelo) que facilitan su recorrido.
La unidad básica del Ensanche es la manzana de 113 metros de lado y achaflanada en sus esquinas, de manera que se crean pequeñas plazas en los cruces. Se preveían cuatro anchuras de calle (20, 30, 50 y 100 metros), la existencia de jardines en el interior de las manzanas y una edificabilidad mucho menor que la que finalmente se autorizó.

La uniformidad en el trazado, convierte al proyecto de Cerdà en una ciudad sin segregación social, aunque la realidad se acabaría imponiendo en su desarrollo.
Es comprensible que el proyecto de Cerdà resultase extraño para sus contemporáneos, pero el tiempo acabó por darle la razón, ya que la ciudad nueva se constituye en el Ensanche de Barcelona, demostró su idoneidad para la evolución de una urbe industrial y cosmopolita.
 Dentro de la Ley de Saneamiento y Mejora, se incluye el plan Baixeras para Barcelona (1889). Cerdà había previsto la apertura de vías sobre el viario antiguo, pero el rechazo de los propietarios imposibilitó su realización. El plan Baixeras también topó con la misma oposición, tras muchas demoras, se finalizaron las obras de la Vía Layetana en 1913.



En la misma época se planteó la necesidad del ensanche de Madrid. En 1857 el Ministerio de Fomento ordenó el estudio de un futuro Ensanche, cuya dirección fue encomendada a Carlos María de Castro, ingeniero al igual que Cerdà.

La memoria del plan se publicó en 1860, como en el caso de Barcelona. El ensanche de Castro se asemeja al de Cerdà en el trazado ortogonal y en no prolongar la ciudad histórica sino en constituirse en una ciudad nueva por el este y el norte.

La ciudad de Castro estaba segregada socialmente desde el principio, con su barrio aristocrático en el eje de la Castellana, zona burguesa en el actual barrio de Salamanca, y barrios obreros como Chamberí o el situado al sur del Retiro. El conjunto se cerraba por los actuales paseos de ronda, en paralelo a los cuales discurría un foso, con funciones fiscales y defensivas.

Fruto de la misma Ley de Saneamiento y Mejora, es el plan para construir una gran vía transversal en Madrid, para dotar a la ciudad vieja del eje este-oeste del que carecía. Ya en 1866 Carlos Velasco Peinado había propuesto una solución que como casi siempre fracasó por la imposibilidad de expropiar los terrenos. La ley de 1895 intentaba resolver dicha dificultad y el resultado fue la creación de la Gran Vía figuraba en el Plan General de Reforma de Madrid de López Salaberry y José Urioste (1905).

El nuevo eje debía servir para dotar a la ciudad de una avenida comercial. Empezado el proyecto en el breve mandato del alcalde Nicolás de Peñalver y Zamora (conde de Peñalver), completar el trazado llevó cuatro décadas.


Bilbao tenía el problema de que su término municipal era exiguo. En 1861 recibió la autorización para confeccionar un plan de ensanche, que se encomendó al ingeniero Amado Lázaro, pero este proyecto no fructificó y hubo que esperar a 1873, a un plan nuevo elaborado por el arquitecto Achúcarro y los ingenieros Alzola y Hoffmeyer.
 Ensanche de la ciudad de Bilbao / Bilbo 


El ensanche bilbaíno se hizo en el margen izquierdo de la ría, sobre el terreno en el que Pérez diseñó el Puerto de la Paz. La ciudad nueva se desarrolla como un damero en torno a una plaza elíptica de la cual parten ocho calles radiales, configuración influida sin duda por la plaza de L'Ètoile parisina. El crecimiento de la ciudad hizo que en pocas décadas el ensanche resultase insuficiente.
También San Sebastián, se vio en la necesidad de construir un ensanche, labor que se encomendó a Antonio Gortázar. Su proyecto estuvo muy influido por el modelo de Cerdà.
Ensanche de la ciudad de San Sebastián / Donosti
De igual forma, es muy notable la impronta del plan Cerdà en los ensanches de Tarrasa y Sabadell. Vitoria y Pamplona también construyeron importantes ensanches o Gijón en 1867.
En 1904, León desarrolló su ensanche, como respuesta a la incapacidad del casco antiguo de la ciudad de acoger a la creciente población de la ciudad, que aumentaba a gran velocidad desde la llegada del ferrocarril. La planificación del ensanche se realizó hacia el río Bernesga, para unir el casco histórico con el río y las instalaciones ferroviarias, al otro lado del río.
También hay unos espacios como los conjuntos suburbiales dedicados a las casas del proletariado, se ocupa por los emigrantes del pueblo rural. Habría un modelo dual: ensanches y suburbios. Esto llevó a una problemática ligada a las condiciones de vida de los arrabales por lo que fueron focos de enfermedad.

El ensanche en Córdoba está representado por la Avenida del Gran Capitán,  hoy boulevard de carácter peotonal. La avenida del Gran Capitán se planteó como parte del ensanche de Córdoba destinado a la burguesía de la ciudad. Este paseo se inicia con un eje central peatonal , ajardinado en sus bordes en el año 1859.
En dicha avenida se localizan algunos edificios de referencia cultural como es el Gran Teatro de Córdoba. Su construcción se llevo a cabo en los terrenos del desamortizado Convento de San Martín, siendo una obra del arquitecto Amadeo Rodríguez. En el exterior, destaca su fachada principal, que da a la Calle Alegría, así como la lateral que se asoma a la Avenida del Gran Capitán.
Al final de la Avenida y del ensanche se llegaría a la Antigua Estación de Córdoba. Su construcción fue la primera estación permanente de Andalucía ya que hasta entonces todas las demás se habían realizado de manera provisional. En 1865, el Ministerio de Fomento solicitó a la "Compañía del Ferrocarril de Córdoba a Sevilla", propietaria de la línea férrea, que construyera una estación permanente, recibiendo el proyecto el visto bueno en octubre de 1866.

Hacia una ciudad industrial


Después de las guerras napoleónicas, la población española inició un proceso de crecimiento ininterrumpido que le hizo llegar hasta los 20 millones de habitantes en tan solo siglo y medio, reflejándose especialmente en las ciudades. La población conservaba una estructura preindustrial y en un primer momento se produjo la degradación de las condiciones de vida de la población urbana.
La ciudad surgida de este proceso presentaba una grave situación de hacinamiento y de crisis en los servicios. El hacinamiento de los habitantes en las ciudades era consecuencia de un crecimiento de la población unido a una falta de aumento paralelo del número de viviendas.


 Barcelona hacia 1730
Desde finales del siglo XVIII el crecimiento demográfico de las grandes ciudades se realiza a costa del número de personas por vivienda y de la aparición de realquilados.
 Centros de beneficencia (hospicios y casas de expósitos) existentes en España en 1797 referidos a la división provincial de 1789  a partir de los datos del censo de 1797 (Censo de Godoy)
La subdivisión de las antiguas viviendas unifamiliares, la elevación de pisos, la ocupación para viviendas de la superficie de la parcela anteriormente sin edificar, la ocupación de parte del espacio de las calles mediante la proliferación de voladizos contribuyen a densificar gravemente el casco de unas ciudades que mantienen la trama viaria heredad de tiempos anteriores y en las que no eran infrecuentes las calles de menos de 4 metros de anchura.
 Plano topográfico de Barcelona (1807) 
A partir de la segunda mitad del siglo XIX aparecen los planes de ensanche y de reforma interior, que es de donde arranca propiamente el urbanismo nuevo peninsular. A esto se le une el hecho de que el siglo XIX es el de mayor número de transformaciones urbanísticas asociadas a la relevancia de unos grupos sociales que antes no existían, el surgimiento de la burguesía y proletariado se une a la industrialización y desamortización.
Una vez que se empezó a afianzar la industrialización las capitales provinciales empezaron a recibir aporte de población, las más beneficiadas serán Cataluña y Asturias, sobre todo en la segunda mitad del s. XIX. A partir del siglo XIX y gracias al proceso industrializador aparecerán dos modelos de ciudades.

Uno corresponde a las viejas ciudades que se irán modificando y en su modificación se van a producir cambios importantes en el trazado urbano (derribo de murallas, aparición de grandes rondas, etc...), mientras que otro responde a un nuevo proyecto urbano y que responde a las nuevas ciudades industriales.
Sobre estas viejas ciudades se realizan reformas urbanas iniciadas en el siglo XVIII que continuan en el XIX, siglo en el que aumenta significativamente la urbanización como consecuencia del desarrollo de obras públicas, de la modernización de la administración territorial –motivada por la creación de las provincias-, de la desamortización, de la creación de infraestructuras viarias (ferrocarril y carreteras), de la ejecución de obras de saneamiento urbano y de un desarrollo industrial que se concentró en el País Vasco (industria siderometalúrgica), Cataluña (industria textil), Asturias y Málaga.

Las causas que provocan en España el nacimiento de un nuevo modelo urbano o una modificación del modelo urbano anterior serán diversas. Entre ellas destacan las el fuerte aumento demográfico, las nuevas circunstancias políticas y económicas y la nueva situación social.
• El fuerte aumento demográfico que se vive en España desde el siglo XVIII y que obliga a un crecimiento urbano sobre todo cuando se instalan en ellas fábricas. Las ciudades pasan a ser centros de atracción poblacional. Desde principios del siglo XX la tasa de urbanización irá creciendo hasta llegar al 40 % en la década de los 30 debido en gran medida al éxodo rural.
• Una serie de circunstancias políticas y económicas como serán las desamortizaciones de Mendizábal (1837) y Madoz (1855) que ponen suelo a disposición de la burguesía urbana. Por ejemplo, en Córdoba nos encontramos con el Real Círdulo de la Amistad, Liceo Artístico y Literario que ocupa el edificio del  antiguo convento de monjas agustinas de Nuestra Señora de las Nieves. Tras la desamortización de Mendizabal, y después de haberse quedado el Estado con las instalaciones, un grupo de socios optó por la compra del mismo en 1845 para instalar en ellas el Liceo Artístico y Literario.

A este hecho se le suman otros como son la creación del Banco Hipotecario (1873) , que facilita recursos financieros; la llegada a España de capitales extranjeros en el siglo XIX y con ello el desarrollo del ferrocarril y de otros medios de transporte urbano como el tranvía. Esto cambiará la trama urbana en algunas ciudades como en Madrid en 1899 o las líneas de metro de principios del siglo XX, que permiten el aumento y la ampliación de la ciudad. • La nueva situación social. El éxito - aunque parcial - de la revolución industrial en España provoca un cambio social importante. Dos nuevos grupos sociales se van a oponer social y urbanísticamente: la clase burguesa y la clase obrera. El resultado de esto será la aparición de barrios burgueses y barrios para obreros. Los barrios burgueses se localizaban en las zonas más céntricas y elegantes de la ciudad, sus barrios y las calles tenían un trazado ortogonal, siendo sus calles anchas y formaban amplias avenidas y con todos los servicios públicos de la ciudad. En los barrios burgueses se da una estratificación en alturas: en los pisos primero y segundo (las mejores viviendas, con vistas al exterior) viven las ricas familias, mientras que en las buhardillas y pisos altos o en las zonas interiores vivían los más humildes.
Frente a ellos los barrios obreros que se localizaban en la periferia urbana, junto a las industrias o cerca de las estaciones de ferrocarril, en los lugares más contaminados, o en el extrarradio dando origen a barrios obreros que surgen en el área externa de los ensanches burgueses que estaban formados por pequeñas viviendas, muchas veces de autoconstrucción, donde se hacinaban las familias, con calles no estaban empedradas y que carecían de servicios públicos (agua, cloacas y transporte).
Plaza de Sol (Madrid)
Para adaptarse a las nuevas circunstancias, las ciudades pusieron en marcha una serie de operaciones de crecimiento y remodelación de su espacio interior que se concretaron en los planes de alineaciones y reforma interior y en los de ensanche.
Esto en algunas ciudades se hace visible desde principios del siglo XIX.  Por ejemplo, en Cordoba se planteará la creación de los Jardines de la Agricultura fuera del casco histórico de la ciudad para disfrute de los ciudadanos, siendo éstos inaugurados en 1811.
Durante el primer tercio de siglo se organizará el alumbrado público de la ciudad a través de una Real Orden y usándose para ello aceite (1831). y ya durante la segunda mitad se utilizará para ello el petróleo (1865), siendo sustituido poco después por gas (1870). La electricidad sería utilizada a partir de 1893.
Los proyectos de reforma interior perseguían aliviar la presión social, mejoras las condiciones de vida de la población y los servicios urbanos. Se manifestaron en la construcción de cementerios, mataderos públicos y viviendas, acometidas de aguas, saneamiento, pavimentación de calles, etc.

Cementerio de la Salud (Córdoba) iniciado en el año  1810 y aunque terminaron en  junio de 1811, siguió ampliándose durante los años posteriores hasta que en 1833
Pero lo que verdaderamente caracteriza este tipo de proyectos es la remodelación de la trama viaria o “haussmanización”, que supuso la apertura de nuevas calles o la alineación de las ya existentes con el fin de adaptarlas a las nuevas necesidades circulatorias. Ejemplos sobresalientes de proyectos de reforma interior fueron la apertura de grandes vías en ciudades como Madrid, Granada, Barcelona, Salamanca y Murcia.
Todo esto se produce en un contexto de ciudades que gracias a la industrialización del periodo se irán poblando de personas. Ante el aumento de la población algunas ciudades verán superados los límites tradicionales enmarcados entre murallas expandiéndose por la periferia o incluso se produce el derribo de las mismas en muchas ciudades.
Para realizar todas estas actuaciones , además, se ha de tirar las muralles que desde la edad antigua (romana) o la edad media circundabas las ciudedes española. Por eso, a mediados del siglo XIX, se va a proceder al derribo de las murallas y a ensanchar las ciudades se convierte en imperiosa. Las razones estaban en el aumento de la población, la incipiente industria y las nuevas actividades con requisitos intensivos de suelo, como el ferrocarril, no podían satisfacerse simplemente con la liberación o mejor aprovechamiento del terreno de los cascos antiguos.
La muralla había perdido todo valor militar, ante los progresos de la artillería y su función fiscal como aduana interior era contraria al espíritu del capitalismo y el libre comercio.
Las murallas caerán en primer lugar en Burgos en 1831, luego en Almería, en San Sebastián, Valencia, Madrid, o Córdoba, etc…, ciudades en donde se derribarán estos "corsés" impuestos por las ciudades anteriores y en su lugar aparecerán circunvalaciones y calles que mejoran las comunicaciones entre el centro y las crecientes periferias donde se construyen viviendas de un importante desarrollo vertical.
En Córdoba,  a mediados del siglo XIX, se terminará de construir el conocido como “Murallón del Guadalquivir”, obra que pretendía proteger la ciudad de las crecidas del río.


En cuanto al recinro amurallado había comenzado a ser destruido entonces, continuará siendo demolido a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX. Así, se asistirá al derribo de las puertas del Rincón (1852), de Sevilla (1865), de Baeza (1869), de Andujar (1870), de Plasencia (1879), de la Misericordia (1882) y de la Puerta Nueva (1895), además del lienzo de la muralla que continuaba en la Torre de la Malmuerta.

Dos puertas desaparecidas en la muralla de Córdoba, arriba la Puerta de Osario y en la imagen de debajo, la Puerta de Gallegos. 
Este aumento en las ciudades, más los cambios reseñados en el siglo XIX, dieron lugar a cambios en el plano de las ciudades españoles desde mediados del siglo XIX al primer tercio del siglo XX. Estos cambios afectaron principalmente al plano de las ciudades y a la trama del casco antiguo.
En el plano de las ciudades españolas se abrieron grandes vías que se conciben como calles amplias y largas, jalonadas de edificios representativos del nuevo momento histórico, que muchas veces unen la ciudad histórica con el nuevo ensanche burgués o con la estación de ferroviaria.
 Antigua estación de ferrocarril de Córdoba de 1866
En sus edificios se instalaron funciones terciarias tales como el comercio de lujo, la banca, las sedes de las principales empresas, los casinos, los teatros o los cafés de moda. Esto se hace visible en ciudades como Madrid (como son la Gran Vía en 1910 o la Calle de Alcalá), en Oviedo, en León o en Córdoba. Igualmente en el plano de las ciudades afectadas por el proceso industrializador se aprecia como el lugar que antes ocupaban las murallas están ocupados ahora por rondas que circunvalan la ciudad.
En la trama del casco antiguo se densificaron las edificaciones. Los edificios crecen en altura tendiendo a desaparecer la vivienda unifamiliar en el centro.
 Casa- patio de la calle San Basilio
Además, los adelantos de la revolución industrial influyeron en el desarrollo de los servicios urbanos, como la canalización del agua, la construcción de la red de cloacas, la distribución del gas y de la electricidad y la introducción de los medios de transporte (tranvía, metro...) e incluso de nuevos modelos de viviendas.
A todo ello se le une el inicio de la planificación urbana a partir de la segunda mitad del siglo XIX, cuando el crecimiento urbano rebasó las murallas de la ciudad preindustrial.
En el siglo XIX se distinguen tres generaciones urbanísticas: la fernandina, la isabelina y la de la Restauración.
La generación fernandina es una continuación del siglo XVIII, su trazado responde a una cuadrícula de dimensiones muy reducidas, cruzada por algunas diagonales que unían las plazas. Las avenidas ofrecen perspectivas largas, lo que demuestra la influencia barroca.
La generación isabelina es la época en la que hay una fiebre por la construcción de mercados cubiertos, se derribaban conventos para construir mercados como signo de progreso popular urbanístico. Tanto en la época de Fernando VII como en la de Isabel II se produce una importante obra de reconstrucción, apareciendo construcciones modernas de 4 y 5 pisos.
La generación de la restauración se prolonga a lo largo del primer tercio del siglo XX, es el periodo que realmente empieza la actividad urbanística entendida como actualmente. Es de este periodo la aparición de las Ordenanzas Municipales de edificación y la aparición de los Planes de Ensanche.
Las actuaciones urbanísticas de este periodo son más de carácter expansionista más que de saneamiento, reforma interior o eliminación de barrios insalubres. Solo a finales del siglo XIX se impondrá una visión sanitaria del urbanismo.

El nuevo plano urbano se caracteriza por un nuevo elemento como es el ensanche que se constituyó como una forma de crecimiento en consonancia con la llegada de la burguesía al poder económico y social. Es consecuencia de la industrialización que en principio fue bastante débil al no haber transformación a gran escala hacia los espacios urbanos. Esta primera debilidad se intentó compensar, así se puede intuir políticas de integración territorial a partir del ferrocarril y aparición de la capital de provincia. También se dio el desarrollo de otras infraestructuras. De esto se benefició sobre todo las ciudades del levante peninsular.Para las nuevas ciudades aparecen proyectos urbanos nuevos que van desde los ensanches, hasta el modelo de ciudades jardín, pasando por modelos más planificados y concretos como el de la ciudad lineal ideada por Arturo Soria que se aplicará en Madrid.
Por lo tanto, las formas de crecimiento de la urbanización de este periodo serán:
El ensanche,
La anexión del extrarradio,
La reforma interior
Los barrios de Ciudad Jardín.

miércoles, 14 de enero de 2015

La natalidad en España


Para contrastar la entrada de Alba que vimos el lunes, Jorge Alarcón se hace eco del siguiente artículo publicado en El Mundo y que literalmente nos dice que "España registró el año pasado la tasa bruta de natalidad más baja desde el año 2003 con 10,5 nacimientos por cada 1.000 habitantes, después de que el número de nacidos descendiera por segundo año consecutivo, con una caída del 1,96% hasta los 484.055, según el avance de datos del Movimiento Natural de la Población del Instituto Nacional de Estadística (INE). 
Durante el año pasado se produjo un descenso del número de fallecimientos, pero la contracción de la natalidad ha conseguido reducir el crecimiento vegetativo hasta las 105.388 personas, el nivel más bajo desde 2005.

El INE explica que el descenso en el número de nacimientos fue resultado, principalmente, de una reducción progresiva del número de mujeres en edad fértil, ya que el número medio de hijos por mujer apenas ha variado respecto de 2009, con 1,38. No obstante, la fecundidad se redujo "ligeramente" tanto entre las mujeres españolas (cuyo indicador bajó a 1,32 en 2010), como entre las extranjeras (1,64). 
La proporción de nacimientos en este grupo poblacional, el 20,3% del total, se estabilizó en niveles similares a los observados en los dos últimos años. Por su parte, la edad media de maternidad mantuvo una "suave tendencia creciente" hasta alcanzar el nuevo máximo de 31,2 años, aunque cuando se analizan sólo las españolas, se observa que tienen a sus hijos, de media, a los 31,9 años de edad mientras que las extranjeras suelen tenerlos cuando rondan los 28,7 años. 
La esperanza de vida al nacimiento aumentó en 2010 hasta los 82 años de media, que son 78,9 años en el caso de los varones y los 84,9 cuando se trata de mujeres, lo que supone un incremento de 0,4 y 0,3 años, respectivamente, respecto al año anterior. Además, la esperanza de vida una vez cumplidos los 65 años se sitúa en 18,4 años para los hombres y 22,3 para las mujeres.''

Como podemos observar, nos cuenta literalmente nuestro compañero Jorge que "en este artículo del periódico digital ''El Mundo'', la natalidad está siendo un problema hoy en día en España. La natalidad actual en España está siendo baja con respecto a 2010 , confirmado por el INE, en dónde cada vez más familias se plantean tener hijos, pero hoy en día varias adversidades como el dinero de la manutención de los niños y varias causas más les crean rechazo a las familias con las ideas de tener un hijo. 
En España , el nº medio de hijos no ha variado; pero sí ha variado la fecundidad (ligeramente), el crecimiento vegetativo y la edad media de mujeres embarazadas (creciente). Esto quiere decir que en la España actual nos encontramos ante un grave problema, como es la decadente natalidad , pero también ante un gran progreso, la mortalidad decrece cada año. Con estas dos causas, el índice poblacional total estaría más o menos equilibrado, siendo que el nº de muertes en España es mayor que el nº de nacimientos.
Con el paso del tiempo este problema puede solucionarse, ya que la economía puede mejorar y cada
vez más familias desearán tener un hijo al que mantener y enseñar.